ALVARO PATRICIO ROBLES

Escritor, Artista, Productor y Director.

Cine Óntico, Recinema y Cine Pagano.

Por Álvaro Patricio Robles.

 

“El cine simple, tomado tal cual es, en lo abstracto, desvela un poco de esa atmósfera de trance, eminentemente favorable a ciertas revelaciones. Utilizarlo para contar historias, una acción exterior, es privarle del mejor de sus recursos, ir en contra de su fin más profundo. He aquí por qué me parece que el cine está hecho sobre todo para expresar las cosas del pensamiento, el interior de la conciencia…”
Antonin Artaud

“Bastaría que el párpado blanco de la pantalla pudiera reflejar la luz que le es propia, para hacer saltar el universo”
Luis Buñuel

 


I


Reflexionando a un nivel filosófico incluso metafísico sobre lo que es cine, he llegado a ciertas ideas, que me han aportado la motivación de una renovación en el sentido del hacer cine.

El cine es un arte nuevo, que por diversas razones a tomado un giro desde mi perspectiva, invertido, ya que todos los hallazgos de las primeras vanguardias, con el tiempo han sido olvidados, o peor, sus técnicas reutilizadas con fines comerciales y frívolos, como es el videoclip, el comercial o reality show.

En cierta forma pensar el cine es un ejercicio necesario para poder comprender qué es cine, algo que infinitos teóricos han tratado de definir, por alguna razón el cine tiene cualidades ambiguas que lo hacen tan nebuloso, al momento de entender o comprender su característica autónoma e innata como arte.

Creo que para lograr comprender a fondo el cine es interesante revisitar el origen, la matriz de donde salió, es revelador buscar en el cine mudo y sus primeras creaciones la esencia.

A nivel formal y de contenidos el cine fue “desviado” por Hollywood, de hecho lo que sabemos de cine, los libros, las carreras de cine, el “mundo cine“, casi en su totalidad (en cuanto a contenidos y técnicas) viene de Hollywood, por lo mismo, para liberarnos de esta dictadura, es necesario ir hacia atrás, buscar como un arqueólogo, los orígenes de la civilización, y encontrar el punto en que todavía no se había contaminado su esencia, encontrar el punto exacto donde recomenzar y tomar otra dirección, otro vector cuántico de manifestación, para evolucionar este arte nuevo de una forma completamente distinta.

En este sentido, el punto que siento como eje de este recomienzo es en los años 20, en esta época el cine realmente logro ser un arte, un arte revolucionario, un arte que escandalizó y reorganizó las corrientes intelectuales y sociales, creo que este punto en la historia es esencial para entender lo que es cine.

En términos matéricos el cine es celuloide, película fotosensible, que capta el movimiento, un movimiento ilusorio que podemos ver al ser proyectado, este acto, es la esencia del cine, el movimiento, el tiempo, la imagen, no la historia o la trama, que más bien tienen sus orígenes en el teatro y la literatura. El cine absoluto o puro hablaba de esto, negando el aspecto narrativo y literario del cine, incluso proponía romper los principios convencionales de la producción misma, esto es, realizar un cine anti-industrial, haciendo un film con pocas personas o en solitario, para alcanzar así una honestidad, transparencia y conexión profunda del artista-cineasta con su obra. Citemos a Oskar Fischinger: “Unas cuantas palabras respecto a la película cinematográfica común y corriente que se presenta a las masas en innumerables salas de exhibición en todo el mundo. Se trata de un realismo fotografiado – de un realismo en – movimiento superficial fotografiado… No posee ningún sentido creativo artístico absoluto. Se limita a copiar la naturaleza con conceptos realistas, destruyendo la profunda fuerza creativa y absoluta con sustitutos y realismos superficiales… Es un producto masivo de proporciones industriales y eso, naturalmente, reduce la pureza creativa de una obra de arte. Ningún artista con sensibilidad creativa podría crear una obra de arte sensible si un grupo de colaboradores de todo tipo interviniera en la creación final – productor, director de argumento, guionista, director musical, director de orquesta, compositores, técnicos de sonido, «gag man», técnicos de efectos especiales, escenógrafos, ambientadores, dibujantes, técnicos y asistentes de animación, camarógrafos, técnicos, directores de publicidad, gerentes, administradores de taquilla y muchos otros. Todos ellos cambian las ideas, las matan antes de que nazcan, impiden su nacimiento y sustituyen los momentos de creatividad absoluta por ideas baratas que complacen al más bajo de ellos. El artista creativo del más alto nivel siempre trabaja mejor solo, adelantándose por mucho a su época. Y éste será nuestro fundamento: que el Espíritu Creativo no sea obstruido por la realidad ni por otra cosa que pueda estropear su creación «pura» absoluta." Una radicalidad maravillosa e inspiradora.

En este sentido creo que es necesario volver al celuloide, al cine puro, al cinepoema que planteaba Man Ray y muchos otros artistas-cineastas. Volver al origen y ser cineasta paganos. Volver a la materia-cine, al objeto-cine, el cual se puede palpar, sentir, manipular directamente, este es el agente innato de lo que es cine. El celuloide con sus 24 cuadros por segundo es algo físico, no virtual, de alguna forma este hecho nos puede dar luces sobre el cine y su alma-realidad. El cine sin cámara, el cine en que se dibuja, pinta, raya, interviene directamente en el celuloide es la raíz del concepto, el eje articulador, incluso la sangre de lo que deseo definir como cine óntico. 

II


El cine digital puede ser válido como herramienta audiovisual, incluso podría ser llamado un “paracine”, sin embargo creo que en esencia no es cine, es más bien un travestismo conceptual y técnico que puede generar algo similar pero no igual, el cine tiene un aura que el video no puede capturar, y en esto tiene que ver la manera de operar de ambas tecnologías, el cine es analógico, trabaja con celuloide, químicos y con luz, captura en una impresión el reflejo de la realidad, como si fuera un espejo existencial y poético, el video o cine digital trabaja con electricidad y bits, es un traductor o deconstructor de la realidad, disolviendo la realidad en información virtual, en cambio el cine es un original, es un talismán de la realidad, un objeto real, físico, que se proyecta en el espacio. Un objeto con alma. Ese es su sustrato.

El negativo al ser revelado, presenta un símbolo interesante, una metáfora experiencial, revelar la visión, este proceso es alquímico y ritual, es una transmutación, un paso desde lo invisible a lo visible, es una revelación poética de un mundo paralelo. Revelar, es la manifestación de una verdad oculta, de un conocimiento nuevo y en el cine, un conocimiento en movimiento. En este sentido el cine-celuloide toma un matiz casi místico y mágico. Dentro del pensamiento chamánico se dice que los objetos tienen vida, tienen una energía que los hace únicos, un espíritu, una carga simbólica, a los objetos rituales se les llama objetos de poder, creo que el cine-celuloide es un objeto de poder que puede transmutar la realidad y construir mundos ensoñados en materia. El cine es una sobrerealidad que se superpone gestando nuevas asociaciones poéticas en nuestro mundo dormido, es un arte que puede expandir la mente y despertarla.

El cine digital está desprovisto completamente de esto, de esta mística, simplemente es una solución práctica por sus bajos costos, sin embargo, esto no justifica su hegemonía, creo que se pueden bajar los costos haciendo cine en celuloide, de una forma creativa y libre, sólo si nos liberamos de la parafernalia de Hollywood, sus técnicas sofisticadas, su narrativa, sus estrellas y su afán desmesurado, patológico y depredador por el dinero. En cierta forma en este momento histórico, hacer cine-celuloide es realizar un cine pagano alejado de la meca del cine.

Es bueno recordar que el cine que hicieron los dadaísta, surrealistas, artistas de los años 20, no era comercial ni tampoco fue algo que demando una superproducción, generalmente eran realizaciones independientes realizado por pocas personas. Era un cine libre y austero. Inicialmente André Breton y los surrealistas estaban en contra del cine sonoro y toda noción de perfeccionamiento técnico por sus altos costos. Preferían el cine mudo y su autonomía. Ellos añoraban un cine barato que permitiera la libertad creativa pura, deseaban estar ajenos de la industria y la usura del sistema burgués.

Si liberamos al cine del dinero como agente formador e ideológico, podemos purificarlo de la deformación actual. Así el cine deviene en arte y por lo tanto se vuelve sagrado. En este sentido creo que el cine original es como la pintura, en cuanto a su poder evocador, existen numerosas formas de arte visual actualmente, todas válidas, sin embargo, siempre se vuelve a la pintura, como objeto, como un elemento cultural primordial y eje del arte dentro del colectivo humano. Una pintura de hace miles de años en una caverna sigue siendo admirada, sigue resonando en la mente de la humanidad, la pintura fue previa al lenguaje escrito lineal, incluso antiguamente fue lenguaje esotérico antes de ser arte estético, fue huella, señal, signo, sigilo, sello mágico, primordialmente es la esencia de lo humano como ser creativo. En este sentido el cine óntico, podría ser una respuesta objetiva frente a lo que es cine, si nos desligamos de lo “profesional-técnico-industrial” y nos conectamos con el “cinema como arte puro”, podemos identificar que con él podemos lograr la misma materialidad y significación atávica que con la pintura, pero con el movimiento, con el tiempo modelado, es decir, sus cualidades esenciales: movimiento-tiempo e imagen. En cierta forma, el cine-celuloide es una huella física que tiene el poder de evocarnos la esencia del arte. Esto me lleva aún más atrás de los años 20, antes que se inventara el cine, a la época en que surgió el simbolismo, en su manifiesto escrito por Jean Moréas se leen ideas afines y sincronías respecto a lo que deseo expresar: “En este arte, las escenas de la naturaleza, las acciones de los seres humanos y todo el resto de fenómenos existentes no serán nombrados para expresarse a sí mismos; serán más bien plataformas sensibles destinadas a mostrar sus afinidades esotéricas con los Ideales primordiales”. La búsqueda de lo primordial es la dirección del cine óntico, su esoterismo. La creación de nuevos símbolos transfiguradores que puedan fecundar el sueño, la imaginación y el inconsciente.


III


El cine digital es virtual, no tiene materia, su suporte es magnético, invisible, en otras palabras es una fantasma eléctrico, incluso al ser proyectado, su luz es distinta, espectral y sin profundidad.

Creo que el cine y su materia son el tiempo, el movimiento y el celuloide, el cine literalmente es celuloide, es importante rescatar esa idea, el medio crea la forma, la pintura es pintura en una superficie, el cine es celuloide con imágenes en movimiento.

Esto puede sonar purista y radical, pero en esencia lo que intento aclarar es que para vaciar el cine actual de toda la polución que carga, se requiere un acto reflexivo de renuncia, por lo mismo llamo a esto, un acto simbólico de purificación.

El Recinema es partir desde donde aún el cine era cine y continuar desde ahí, reiniciar, ignorando el camino trazado posteriormente. De esa forma logramos encontrar lo óntico del cine y su maravilloso sustrato único dentro de las artes. El cine es misterioso, dionisíaco, embriagador, esencialmente síquico, todos hemos experimentado de diversas formas su poder, de hecho tiene un potencial todavía no trabajado o descubierto plenamente, aún es una tierra indómita, es el desconocido, tiene una magia atávica que fascina a la mente y la cambia. El cine tiene el poder de iluminar el alma y proyectar sus sueños vivos en el telón. Como bien afirmaba Antonin Artaud: “Si el cine no está hecho para traducir los sueños o todo aquello que en la vida despierta se emparenta con los sueños, no existe.”


 

© 2011 Álvaro Patricio Robles. Todos los derechos reservados.

 

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